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La diversidad es uno de los valores más contrastados y que más hace crecer a empresas saludables, modernas y efectivas. Cultura, sexo, generación y género son algunos de los focos en los que nos centramos para cambiar la manera de hacer y ver las cosas. Erradicar los estereotipos de todo tipo, construye empresas sólidas, abiertas y con potencial. Los sesgos están escondidos y tienen ese peligro, de dejar fuera aquello que no conocemos. Las etiquetas nos limitan a la hora de descubrir nuestras propias capacidades y habilidades. Y cuando las ponemos en práctica, juzgamos de manera positiva o negativa en función de la educación y la cultura con la que cargamos. La diversidad no es un título, debe ejercerse y contrastar cómo los resultados cambian cuando los sesgos desaparecen.

Es un lugar común decir que la sociedad no puede perder el 50% del talento. Pero la realidad es que esto sigue sucediendo. Creemos que a la par de las leyes, la cultura y la educación, hay que impulsar el cambio para que los porcentajes de mujeres en puestos de decisión, cambien. Nos especializamos en programas InLiFe (Liderazgo Femenino In Company) potenciando el talento oculto, inspirando, presentando casos motivadores. Establecemos programas de continuidad con herramientas como el Networking y Mentoring interno para la detección del talento y la promoción de mujeres en roles de liderazgo.
Por eso es preciso hacer un diagnóstico que nos brinde el punto de partida y el horizonte de cambio. Empoderar a las mujeres es colaborar en que todo el talento sea visible. Impulsar la toma de decisiones, potenciar capacidades y habilidades, es construir un mejor lugar donde trabajar.

Las empresas de más de 250 empleados, deben por ley cumplir con el Plan de Igualdad. Pero darle seguimiento y contrastar sus resultados, es tan importante como ponerlo en marcha y que los objetivos se cumplan. La igualdad de oportunidades, la promoción y la formación o la conciliación de la vida laboral, familiar y personal influyen en que la empresa sea sostenible. Poner en marcha un plan no es suficiente. Hay que “arroparlo” concienciando a quienes lideran la Comisión de igualdad, formando a la gente, inspirando y facilitando que sus resultados sean positivos y haya continuidad y crecimiento en su alcance.
La conciliación es un factor que impulsa la igualdad entre mujeres y hombres en la empresa.
Medidas para potenciar la flexibilidad de tiempo y espacio, trabajo por objetivos, atención a las diferentes necesidades de la gente, promoción…deben ser parte de la cultura de una empresa innovadora que apuesta por el talento y olvida los viejos patrones.

Es importante entender que el lenguaje no es sexista en sí mismo, pero sí el uso que se hace de él. Lo que llamamos sexismo lingüístico procede de una concepción androcéntrica de la sociedad en la que vivimos, es decir, valoramos y medimos todas las cosas tomando como referencia y medida al hombre. Al hacer un uso sexista del lenguaje estamos transmitiendo una visión estereotipada de la realidad, que supone invisibilizar a las mujeres, ocultándolas y subordinándolas al hombre.